Todo empezó la semana pasada cuando el Club del Disco
tocó el timbre con Nictógrafo de Lucio Mantel... la fascinación fue inmediata. Melodías luminosas y sutiles, excelentes músicos y lo que para mí, que escucho todo con alma de poeta, es la perla del disco: las letras.
En principio el track 1, Refugio captó toda mi atención, "tanto caminar para llegar tan cerca/puedo ver que no hay otro lugar, otro refugio", por estos días, cada una de las canciones va ocupando su lugar y nada disfruto más que cuando eso sucede. Sentir que un disco tiene esa unidad que lo hace placentero de principio a fin, que las canciones van tramando un dibujo, nos van llevando de viaje.
Les dejo la letra de Nadie en el espejo
Trato de ver en vos encuentro un reloj, un silencio un quejido sin voz,
un ojo, un balcón y mi invocación
Suelo creer que hay algo que mirar alguien que encontrar
pero me estrello al fin con un espejo un reflejo ruin
Trato de ver en mí me hallo sin tiempo , un ruido atronador
un grito vacío, un ojo, un encierro y mi invocación
Suelo creer que hay algo que mirar alguien que encontrar
pero me estrello al fin con un espejo de reflejo ruin
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lunes, agosto 18, 2008
viernes, agosto 24, 2007
Ensamble Confusión del Mundo
Una recomendación de Ana y Nadyhn para se me viene la copla:
Punk Etnico ¿Jonhy Kusturica o Emir Ramone? (por Lucía Bertotto para ciudad.com)
La música de Ensamble Confusión del Mundo es un collage multicultural: con instrumentos típicos de la península balcánica se animan al reggae, al carnavalito, a la cumbia y a la música disco. Por la fortaleza sonora que alcanzan, dicen, hacen punk.
Sentado en el living de su casa de Villa Crespo (mitad sala de ensayo y mitad taller de serigrafía, su segundo oficio) Gabriel Mattera, recurre a la historia del nombre para explicar el espíritu de la banda que fundó dos años atrás. Rodeado de sus compañeros de grupo, explica: "Al principio, Confusión del Mundo era simplemente una dirección de correo electrónico que yo tenía. Hacía música de Bosnia y Serbia y no podía entender cómo dos países que tenían culturas tan similares podían estar en conflicto. Era para mí una verdadera confusión. El ensamble- continúa- surgió cuando me uní con (el percusionista) Pablo Baldás y a Claudina Pugliese (también fotógrafa)".
Juntos decidieron confundir los oídos llevando la fusión musical a su máxima expresión. A los instrumentos típicos de la península balcánica los hicieron sonar al ritmo del reggae jamaiquino, el carnavalito, del instrumental surf, de la cumbia o de cualquier otro género que se les cruzara por la cabeza. Sin embargo, el poder de su sonido los lleva a clasificarse como una auténtica banda de punk étnico.
¿Cómo te acercaste a la música balcánica?
En el 95 yo estaba en una fiesta que se llamaba Etnotika, que organizaba mi primo. Cuando estaba por terminar un músico sacó una gaita búlgara y un tamburá y una chica se puso a cantar. Terminaron de tocar y me acerqué a ellos porque me encantó lo que habían hecho, me hice amigo y me convocaron para ser miembro del Ensamble Balcanes, a donde aprendí a tocar instrumentos como el derbake y la tamburá.
¿Cómo reciben los escenarios porteños el ensamble musical?
Excelente. Tenemos un repertorio muy poderoso, que le gusta a varias generaciones. Cuando tocamos todos se ponen a bailar. Igual, tenemos complicaciones para encontrar lugares, como le está pasando a la mayoría de los grupos.
jueves, mayo 10, 2007
Cuarteto de Nos x martín palacio gamboa
EL INDISCRETO ENCANTO DE LA BIZARRÍA.
EL CUARTETO DE NOS ENTRE LA RAREZA Y EL SARCASMO

-Huyo de la multitud
y no me electrocuto en la corriente-
(de la canción No quiero ser normal)
Uno de los aspectos más destacables del rock de la otra orilla es su singularidad sonora. Quien recorra la historia de esta modalidad en el mapa musical del Uruguay, se asombrará con los delirios lisérgicos de esa mezcla de lumpen y gurú que fue la figura de Eduardo Mateo, la experimentación de Gastón Ciarlo –uno de los primeros exponentes del rock rioplatense que osó electrificar la milonga y el malambo con cadencias del blues de Chicago a mediados del setenta-, así como el desarrollo del punk durante los ochenta que no dudó en tomar prestado ciertos elementos del carnaval y la murga como la parodia y el humor ácido. En esa corriente (a la vez que contexto) de hibridaciones y bastardeos de géneros fijos, surge el grupo Cuarteto de Nos que, desde 1983, viene dando ejemplo de permanencia y calidad compositiva.
-Y al fin y al cabo todo ha terminado,
lo que en polvo empezó en polvo ha acabado./ Pero aunque me ha matado, fue un polvo bien echado:/ Polvo seré mas polvo enamorado-
(de la canción Eres una chica muy bonita)
Con los hermanos Roberto y Ricardo Musso (ambos guitarristas y vocalistas), el bajista Santiago Tavella y Álvaro Pintos en batería, el Cuarteto de Nos elabora una propuesta compositiva en la que aparecen varios elementos en juego. Entre ellos, el pastiche melódico (un hip-hop puede tener un estribillo a ritmo de cumbia, y un rocanrol furioso arreglos de música balcánica), la intertextualidad de sus letras que no sólo dialogan con referencias literarias consideradas clásicas sino también con canciones pertenecientes al folklore latinoamericano y al pop chatarra de los setenta, la utilización de lo multimediático en sus presentaciones (cine expresionista, dibujos animados, teatro del absurdo). Con unos cuantos discos en su haber, tal vez Otra navidad en las trincheras (1994), Cortamambo (2000), Cuarteto de Nos (2003), y Raro (2007) sean sus trabajos más significativos y emblemáticos. La llegada de este grupo a Buenos Aires para el día 13 de julio de este año en The Roxy Club se corresponde con la segunda presentación de Raro en nuestro país.
-yo vivo en un pueblo podrido/ en donde todo esta podrido/ y voy de noche siempre a oscuras/ caminando entre la basura/
y no voy a llegar muy lejos/ en un ómnibus lleno de viejos/ porque me asaltan con un caño/ delincuentes de 12 años-
(de la canción Pueblo Podrido)
Raro contiene, en cuanto producción, un sonido que remite a la última horneada de bandas neoyorquinas como The Strokes, Yeah yeah yeah, The Dudds o The Bravery, gracias a la intervención de Juan Campodónico. De ese modo, logran destacar potentemente el juego de contratiempos guitarristicos y ciertos riffs que sirven de almohada melódica a la voz entre sarcástica y casi conversacional de Roberto Musso. El bajo, a cargo de Santiago Tavella, sigue con su línea de fraseo básico heredado del punk aunque en varios momentos carnavaliza con los clichés del rap patentado por Eminem, el glam rock o la cumbia villera. Las letras persisten en la humorada negra que ha hecho del Cuarteto un grupo bastante singular en su estilo, si bien ese humor ya no está dirigido a la construcción de personajes y situaciones bizarrísimas sino a una mirada reflexiva en donde no falta el escepticismo y el desencanto de quien ha visto caer a su alrededor todos los mitos sociales en estos últimos veinticinco años (altamente recomendables son los temas Pueblo podrido, Ya no sé qué hacer conmigo, Nada es gratis en la vida).
Para quien quiera adentrarse en la escucha de este trabajo, hacemos una serie de recomendaciones:
1 - Aceptar de una buena vez que el adjetivo uruguayo ya no es más un gentilicio, sino un estado de ánimo (mal que nos pese…)
2 - Asumir que siempre es mejor hacerlo siete veces con Blancanieves que una vez con cada enano
3- Naturalizar situaciones en donde existan siameses divididos por una sierra de carnicería ,y niños de identidad sexual trastornada.
EL CUARTETO DE NOS ENTRE LA RAREZA Y EL SARCASMO

-Huyo de la multitud
y no me electrocuto en la corriente-
(de la canción No quiero ser normal)
Uno de los aspectos más destacables del rock de la otra orilla es su singularidad sonora. Quien recorra la historia de esta modalidad en el mapa musical del Uruguay, se asombrará con los delirios lisérgicos de esa mezcla de lumpen y gurú que fue la figura de Eduardo Mateo, la experimentación de Gastón Ciarlo –uno de los primeros exponentes del rock rioplatense que osó electrificar la milonga y el malambo con cadencias del blues de Chicago a mediados del setenta-, así como el desarrollo del punk durante los ochenta que no dudó en tomar prestado ciertos elementos del carnaval y la murga como la parodia y el humor ácido. En esa corriente (a la vez que contexto) de hibridaciones y bastardeos de géneros fijos, surge el grupo Cuarteto de Nos que, desde 1983, viene dando ejemplo de permanencia y calidad compositiva.
-Y al fin y al cabo todo ha terminado,
lo que en polvo empezó en polvo ha acabado./ Pero aunque me ha matado, fue un polvo bien echado:/ Polvo seré mas polvo enamorado-
(de la canción Eres una chica muy bonita)
Con los hermanos Roberto y Ricardo Musso (ambos guitarristas y vocalistas), el bajista Santiago Tavella y Álvaro Pintos en batería, el Cuarteto de Nos elabora una propuesta compositiva en la que aparecen varios elementos en juego. Entre ellos, el pastiche melódico (un hip-hop puede tener un estribillo a ritmo de cumbia, y un rocanrol furioso arreglos de música balcánica), la intertextualidad de sus letras que no sólo dialogan con referencias literarias consideradas clásicas sino también con canciones pertenecientes al folklore latinoamericano y al pop chatarra de los setenta, la utilización de lo multimediático en sus presentaciones (cine expresionista, dibujos animados, teatro del absurdo). Con unos cuantos discos en su haber, tal vez Otra navidad en las trincheras (1994), Cortamambo (2000), Cuarteto de Nos (2003), y Raro (2007) sean sus trabajos más significativos y emblemáticos. La llegada de este grupo a Buenos Aires para el día 13 de julio de este año en The Roxy Club se corresponde con la segunda presentación de Raro en nuestro país.
-yo vivo en un pueblo podrido/ en donde todo esta podrido/ y voy de noche siempre a oscuras/ caminando entre la basura/
y no voy a llegar muy lejos/ en un ómnibus lleno de viejos/ porque me asaltan con un caño/ delincuentes de 12 años-
(de la canción Pueblo Podrido)
Raro contiene, en cuanto producción, un sonido que remite a la última horneada de bandas neoyorquinas como The Strokes, Yeah yeah yeah, The Dudds o The Bravery, gracias a la intervención de Juan Campodónico. De ese modo, logran destacar potentemente el juego de contratiempos guitarristicos y ciertos riffs que sirven de almohada melódica a la voz entre sarcástica y casi conversacional de Roberto Musso. El bajo, a cargo de Santiago Tavella, sigue con su línea de fraseo básico heredado del punk aunque en varios momentos carnavaliza con los clichés del rap patentado por Eminem, el glam rock o la cumbia villera. Las letras persisten en la humorada negra que ha hecho del Cuarteto un grupo bastante singular en su estilo, si bien ese humor ya no está dirigido a la construcción de personajes y situaciones bizarrísimas sino a una mirada reflexiva en donde no falta el escepticismo y el desencanto de quien ha visto caer a su alrededor todos los mitos sociales en estos últimos veinticinco años (altamente recomendables son los temas Pueblo podrido, Ya no sé qué hacer conmigo, Nada es gratis en la vida).
Para quien quiera adentrarse en la escucha de este trabajo, hacemos una serie de recomendaciones:
1 - Aceptar de una buena vez que el adjetivo uruguayo ya no es más un gentilicio, sino un estado de ánimo (mal que nos pese…)
2 - Asumir que siempre es mejor hacerlo siete veces con Blancanieves que una vez con cada enano
3- Naturalizar situaciones en donde existan siameses divididos por una sierra de carnicería ,y niños de identidad sexual trastornada.
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